Rafael Courtoisie nos entrega en Goma de mascar una novela inclasificable, que se mueve entre la sátira, el absurdo y la crítica social más mordaz. Con un estilo que desafía las convenciones narrativas, la historia nos sumerge en un mundo donde la banalidad y la violencia conviven en un equilibrio inquietante, dejando al lector con una sensación de desconcierto e ironía amarga.
Un mundo de consumo y descomposición
La trama sigue a un personaje obsesionado con la goma de mascar, no solo como un objeto de consumo, sino como una metáfora de la sociedad moderna: algo que se mastica, se disfruta momentáneamente y se desecha sin más. Esta fijación es el punto de partida para una exploración de la alienación, la repetición absurda de hábitos y la fragilidad de lo que consideramos estable en nuestra existencia.
Narrativa y lenguaje: una experiencia sensorial
Courtoisie juega con el lenguaje como si fuera precisamente goma de mascar: lo estira, lo deforma y lo hace crujir en la boca del lector. La prosa está llena de juegos de palabras, dobles sentidos y un humor ácido que, por momentos, se convierte en un reflejo grotesco de la sociedad. Esta manera de narrar convierte la lectura en una experiencia casi sensorial, donde las palabras parecen tener textura y sabor.
Crítica disfrazada de absurdo
Más allá de su tono irreverente, Goma de mascar es una aguda crítica a la mercantilización de todo aspecto de la vida, desde las relaciones humanas hasta el propio pensamiento. A través de situaciones que parecen llevadas al extremo, la novela evidencia la superficialidad con la que se consume la información, las modas y hasta las emociones en un mundo que privilegia lo desechable sobre lo perdurable.
Conclusión
Goma de mascar es una novela provocadora y única, que desafía al lector a encontrar sentido en su caos deliberado. Courtoisie nos obliga a mirar nuestra propia vida a través del prisma del absurdo, revelando las contradicciones de la sociedad contemporánea con una ironía punzante. Es un libro que no deja indiferente: se mastica, se saborea y, aunque quiera escupirse, deja un regusto difícil de olvidar.



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