Diario íntimo de una bruja es como abrir una puerta sin saber muy bien a dónde lleva, y encontrarse con un espejo lleno de símbolos, secretos y sombras. Clara Tahoces no escribe solo una novela: teje un conjuro. Y al leerlo, uno se siente cómplice, casi hechizado.
La historia se presenta en forma de diario personal, lo cual le da una textura muy íntima y emocional. No seguimos a una bruja de cuento, sino a una mujer que descubre poco a poco que hay algo distinto latiendo dentro de ella. Ese "algo" no es solo magia: es poder, es conexión con lo invisible, pero también es miedo, duda, deseo de entenderse en un mundo que a veces exige negar lo que uno realmente es.
A lo largo de las páginas, vamos viendo cómo la protagonista se va adentrando en lo oculto, en rituales, sueños, señales y recuerdos que empiezan a revelarle verdades tan profundas como inquietantes. Hay algo casi iniciático en la forma en que avanza el relato, como si el lector también estuviera atravesando una transformación mientras pasa las hojas.
Clara Tahoces mezcla lo espiritual con lo psicológico, lo esotérico con lo cotidiano. No se trata solo de brujería, sino de identidad, de sanación, de enfrentar lo que se esconde en los rincones del alma. La escritura tiene un tono envolvente, a veces confesional, a veces poético, siempre cargado de atmósfera. Y aunque hay misterio, el corazón del libro late fuerte en lo humano: en el deseo de pertenecer, de entender, de sentir con intensidad.
Diario íntimo de una bruja no es una historia que se consume rápido. Es un viaje hacia dentro, una experiencia que pide tiempo, intuición y apertura. Es un libro para leer con la piel, con el instinto, con esa parte de uno que también ha sentido alguna vez que hay algo más allá de lo visible. Y que, tal vez, no estamos tan lejos de la magia como creemos.



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