Extraña mujer es de esas novelas que, al abrirla, te sumergen en un universo denso y apasionado donde cada página respira conflicto, deseo y ambición. Ben Ames Williams construye una historia que se despliega como un gran drama americano, con personajes que no son simplemente figuras en una trama, sino fuerzas que chocan, se transforman y dejan marcas imborrables.
En el centro está Jenny Hager, una protagonista que no se olvida fácilmente. No es la típica heroína romántica ni la villana predecible: es una mujer inteligente, bella y con una voluntad feroz. Jenny no se limita a reaccionar ante el mundo, lo moldea, lo desafía, lo manipula cuando es necesario. Su complejidad está en que no busca ser amada por lo que es, sino por lo que puede llegar a controlar. Y esa búsqueda la lleva a cruzar límites morales sin vacilar.
Williams no la juzga ni la endulza. La presenta con crudeza, dejando que sus acciones hablen y que el lector se debata entre la admiración, el rechazo o incluso la compasión. Y en torno a ella gira un retrato intenso de una época y una comunidad marcadas por las apariencias, el dinero y los valores en tensión.
El estilo del autor es fluido, con una narrativa que combina el detalle minucioso de lo cotidiano con escenas de alta carga emocional. Hay diálogos afilados, descripciones ricas en atmósfera, y un ritmo que se acelera en los momentos clave, como una marea que sube cuando los sentimientos se desbordan.
Extraña mujer es una historia sobre poder, deseo, y los costos de seguir una ambición sin freno. Pero también es un espejo de cómo los códigos sociales pueden convertirse en cárceles, y de lo que sucede cuando alguien decide romperlos sin mirar atrás.
Es un libro que atrapa por su intensidad emocional, su protagonista inolvidable y su capacidad de mostrar cómo lo más brillante y lo más oscuro pueden convivir en una sola persona. Una novela que, pese a su época, sigue siendo tan actual como cualquier historia sobre la lucha por ser uno mismo en un mundo que no siempre está listo para ello.



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