La maldición de los Ashford es una historia que bebe de la tradición gótica con elegancia y descaro. Jana Westwood nos invita a cruzar el umbral de una mansión cargada de secretos, donde el pasado no solo pesa: susurra, cruje y amenaza con devorarlo todo. La novela es una mezcla deliciosa entre misterio familiar, romance oscuro y una atmósfera que atrapa como niebla en un bosque espeso.
La trama gira en torno a una protagonista fuerte pero vulnerable, con una curiosidad que la lleva directo al corazón del enigma que envuelve a la familia Ashford. A su alrededor, un elenco de personajes que parecen sacados de un cuadro antiguo: enigmáticos, rotos, magnéticos. Nada es lo que parece, y lo que parece, siempre esconde algo más.
Westwood maneja el suspense con maestría. No recurre a sobresaltos baratos, sino que construye una tensión sutil, casi elegante, que crece con cada página. La mansión, los diarios antiguos, las miradas que esconden más de lo que dicen… todo está al servicio de una intriga que se cuece a fuego lento, pero que estalla en los momentos justos.
Uno de los encantos del libro es cómo mezcla lo sobrenatural con lo emocional. La maldición no es solo un elemento fantástico: es también una metáfora del peso de las decisiones, del legado familiar, de lo que se hereda aunque no se quiera. Y en medio de eso, el amor —intenso, prohibido, casi inevitable— aparece como una chispa de luz en un paisaje sombrío.
La maldición de los Ashford es para quienes disfrutan de lo oscuro con estilo, de los romances que arden en silencio, y de los secretos que se niegan a morir. Una novela que no grita, pero susurra tan fuerte que es imposible no escucharla.



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