Matamonstruos es una obra que rompe moldes desde el silencio. No necesita gritar para incomodar, ni exagerar para provocar. Jon Bilbao, con su estilo contenido y afilado, construye una historia que se arrastra bajo la piel y deja una huella sutil, pero persistente. El verdadero monstruo aquí no es una criatura de fábula: es lo que se esconde dentro del hombre común cuando lo cotidiano se fractura.
La narrativa, aparentemente simple, tiene la precisión de una bomba de relojería. Bilbao lanza frases como cuchillos: limpias, directas, pero cargadas de una tensión latente. La historia no se apoya en la espectacularidad, sino en la acumulación de detalles inquietantes, en lo no dicho, en lo que se sugiere más que en lo que se muestra. Y es precisamente ahí donde reside su fuerza.
El protagonista, un hombre corriente enfrentado a una situación insólita, sirve como espejo para el lector. No es un héroe, ni un villano. Es alguien que reacciona como puede, con miedo, con dudas, con esa mezcla incómoda de cobardía y necesidad de control que se activa cuando el mundo deja de tener sentido. Su descenso no es vertiginoso, sino lento, y por eso mismo mucho más perturbador.
Matamonstruos juega con la ambigüedad de forma magistral. ¿Es una historia realista con tintes de horror o una pesadilla disfrazada de cotidianidad? ¿Quiénes son los verdaderos monstruos: los que aparecen en la historia o los que llevamos dentro? Jon Bilbao no da respuestas, pero deja preguntas que se repiten como ecos largos después de terminar la lectura.
En definitiva, esta novela corta es una experiencia inquietante y lúcida. Una reflexión disfrazada de relato de tensión. Una historia que, como los mejores cuentos de terror, deja al lector solo con su imaginación… y sus propios monstruos.



0 Comentarios