Sombra en la costa es una de esas novelas negras que no se andan con rodeos. Pablo Poveda nos lanza de lleno a una historia donde el crimen, la corrupción y los paisajes del Mediterráneo se mezclan con un realismo crudo que engancha desde la primera página. El resultado es una narración vibrante y cinematográfica, donde el ritmo no da tregua y los silencios dicen tanto como los diálogos.
El protagonista, como es costumbre en el universo de Poveda, es un personaje de los que no se olvidan fácilmente: duro, intuitivo, marcado por sus decisiones y por los errores del pasado. Es el tipo de detective que no se esconde detrás de un despacho, sino que camina entre las sombras, se ensucia las manos y se enfrenta a sus propios fantasmas mientras trata de resolver los ajenos.
La ambientación es otro de los grandes aciertos. La costa, lejos del ideal turístico, se muestra aquí con sus rincones oscuros, sus personajes ambiguos y esa sensación de que detrás de cada esquina hay algo que no cuadra. El paisaje se convierte en un personaje más, lleno de contrastes, tan bello como peligroso.
Poveda escribe con un estilo directo, afilado, sin florituras innecesarias. Sabe cuándo apretar el acelerador y cuándo dejar que la tensión crezca lentamente. La trama no solo atrapa por el misterio que hay que resolver, sino también por lo que va revelando sobre el lado más turbio del ser humano.
Sombra en la costa es ideal para quienes buscan novela negra de verdad, sin edulcorantes. Una historia que se siente cercana, con un pulso firme y un trasfondo que invita a mirar más allá del crimen. Porque en esta costa, las sombras no vienen solo del atardecer.



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