Subirse a un tren con una docena de autores de misterio ya suena como una receta para el caos… o para una historia deliciosamente enredada, y eso es exactamente lo que Benjamin Stevenson nos entrega en Todos en este tren son sospechosos. La novela es un homenaje descarado, ingenioso y mordaz al gĂ©nero de misterio clásico, pero con un tono que desafĂa la solemnidad del crimen y lo reemplaza con una ironĂa bien medida.
El protagonista, un autor de crĂmenes que está demasiado familiarizado con los asesinatos, se ve atrapado en un tren en movimiento donde, por supuesto, alguien muere. Pero este no es un simple “whodunit” al estilo tradicional: aquĂ, el protagonista rompe la cuarta pared, se burla de los clichĂ©s del gĂ©nero e incluso pone en duda las reglas del juego mientras intenta resolver el crimen. La historia avanza como un tablero de Clue con esteroides, donde cada personaje parece saber demasiado sobre cĂłmo ocultar un cadáver… o al menos cĂłmo escribir sobre uno.
Lo que hace Ăşnica a esta novela no es solo su estructura metanarrativa, sino la forma en que juega con las expectativas del lector. Stevenson mezcla lo absurdo con lo brillante: una trama enrevesada que se disfruta tanto por sus giros como por su comentario ácido sobre los autores de misterio y sus manĂas. Es una lectura que se rĂe del gĂ©nero mientras lo celebra, y eso requiere mucho equilibrio, que aquĂ se logra con soltura.
Al final, Todos en este tren son sospechosos no solo invita a adivinar quiĂ©n lo hizo, sino tambiĂ©n a cuestionar cĂłmo y por quĂ© seguimos devorando historias de crĂmenes con tanto placer. Un rompecabezas que se arma con carcajadas, sospechas y un tren que no se detiene ni siquiera cuando cae la noche… o alguien cae muerto.
Ideal para quienes disfrutan de un misterio con cereza de sarcasmo.



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