Don Gonzalo González de la Gonzalera, de José María de Pereda, es una novela que se presenta como una sátira, pero que termina siendo un retrato agudo, casi doloroso, de una época marcada por la transformación social, la decadencia de la nobleza y la falsa modernidad. Es una obra que, bajo la apariencia de comedia de costumbres, encierra una crítica feroz al arribismo, al politiqueo y al desarraigo moral.
El protagonista, Don Gonzalo, es un personaje que roza lo caricaturesco, pero que en realidad representa una figura tristemente reconocible: la del burgués adinerado que compra títulos, imita sin comprender y se convierte en parodia de sí mismo. Su afán por “hacerse alguien” —cueste lo que cueste— lo lanza a un ascenso social artificioso y ridículo, donde todo es apariencia y nada esencia. Pereda no se contiene: lo retrata con pluma afilada, sin piedad, pero también con una ironía tan inteligente que el lector no puede evitar reírse... y luego incomodarse.
La novela, sin embargo, no es solo una crítica individual. Es un fresco social. Los personajes que rodean a Don Gonzalo —campesinos, curas, nobles arruinados, liberales de salón— dibujan un mosaico de contrastes entre lo rural y lo urbano, lo auténtico y lo impostado. Y ahí es donde la obra cobra su verdadera fuerza: en mostrar cómo la identidad colectiva se deshilacha cuando se reemplazan los valores tradicionales por un progreso vacío y superficial.
Pereda, defensor del mundo rural y del orden antiguo, construye su narrativa con una prosa rica, salpicada de expresiones locales, costumbrismos vivos y descripciones que respiran campo, barro, misa y mercado. El lector siente el pulso de una Cantabria que no solo es escenario, sino también personaje: testigo de cómo se desmorona un modo de vida ante el avance de lo falso.
Y sin embargo, pese a su tono conservador, la novela no es cerrada ni simplista. Hay momentos de verdadera lucidez sobre las contradicciones del alma humana. Don Gonzalo no es solo un villano cómico: es también la consecuencia de un tiempo confuso, donde las jerarquías cambian y el dinero se impone como el nuevo dios.
En definitiva, Don Gonzalo González de la Gonzalera es una crítica disfrazada de comedia, un espejo deformante que, al final, revela con nitidez una verdad incómoda. Un libro que, leído hoy, sigue siendo actual en su burla de las vanidades, en su denuncia del oportunismo y en su lamento por lo perdido. Con ingenio, ironía y profundidad, Pereda deja claro que no todo lo nuevo es mejor… y que no todo lo antiguo merece desaparecer.




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