La atrevida pasión de una dama es una novela que abraza con decisión los códigos de la novela romántica histórica, pero lo hace con un toque de irreverencia que le da frescura y carácter. Zahara C. Ordóñez construye un relato cargado de deseo, orgullo y emociones contenidas, donde lo que arde no es solo el amor, sino también la rebeldía de una mujer que se niega a encajar en los moldes de su época.
La protagonista es una dama en apariencia, pero muy lejos de ser sumisa o dócil. Tiene voz, tiene opinión, y sobre todo, tiene el coraje de enfrentarse a un entorno que espera de ella obediencia. Su encuentro con el galán —tan temido como deseado, tan arrogante como vulnerable— da inicio a una batalla de voluntades donde cada cruce de palabras es un juego de seducción, y cada roce accidental, una declaración no dicha.
Lo más atractivo de la novela es esa tensión constante entre la pasión y las normas sociales. Zahara C. Ordóñez no se limita a contar una historia de amor; se detiene en los conflictos internos, en los dilemas morales, en los peligros reales que implicaba para una mujer romper las reglas en tiempos donde el castigo podía ser tanto social como emocional. Aun así, el tono de la narración no cae en el dramatismo oscuro. Al contrario, hay momentos de humor, de ternura, incluso de complicidad entre personajes que se sienten vivos y cercanos.
La prosa es ágil, envolvente, con descripciones cuidadas que ambientan sin saturar, y diálogos que fluyen con naturalidad. Las escenas románticas —que no temen ser intensas— están escritas con sensibilidad y ritmo, sin caer en lo vulgar, pero tampoco escondiendo la fuerza del deseo.
La atrevida pasión de una dama es, en esencia, una historia de libertad envuelta en encaje y perfume, pero con fondo de acero. Es una lectura que celebra el amor, sí, pero también la valentía de quienes se atreven a vivirlo sin pedir permiso.




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