Los mapas del agua es una obra delicada y profunda, que se desliza como el elemento que le da tÃtulo: fluye con suavidad, pero tiene una fuerza subterránea que cala hondo. Ricardo Gómez construye una historia que parece sencilla en la superficie, pero que guarda múltiples capas de emoción, reflexión y simbolismo.
El relato gira en torno a la mirada de un niño, lo cual ya le da al libro un tono especial: la inocencia, la curiosidad y la capacidad de observar lo esencial sin artificios. Sin embargo, no se trata de una historia infantil, sino de una narración que usa la voz de la infancia para hablar de temas universales: la pérdida, el miedo, la memoria, y la forma en que nos enfrentamos a lo desconocido.
El agua, como sÃmbolo y presencia constante, no solo es el medio fÃsico que condiciona la vida de los personajes, sino también una metáfora del cambio, de lo que se escapa de las manos, de lo que se recuerda de forma fragmentaria como en un reflejo. Los "mapas" del tÃtulo podrÃan entenderse como los caminos emocionales que recorren los protagonistas para entenderse a sà mismos y a los demás.
Gómez escribe con una prosa poética, sin caer en la pretensión. Cada palabra parece medida, cada silencio entre lÃneas tiene un peso. La ambientación es sobria pero sugerente, y los personajes, aunque pocos, están dibujados con mucha humanidad. No hacen falta grandes giros de trama: lo que atrapa es la forma en que las emociones se despliegan, con sutileza pero con intensidad.
Los mapas del agua es un libro que invita a leer despacio, a dejarse llevar por la corriente de sus frases y a detenerse en lo que muchas veces pasamos por alto. Una lectura corta en páginas, pero larga en resonancia. Ideal para quienes disfrutan de las historias Ãntimas, donde lo más importante no se dice en voz alta, pero se siente en cada lÃnea.




0 Comentarios