Raquel Peláez se sumerge con bisturí y sentido del humor en uno de los arquetipos más reconocibles y, al mismo tiempo, más escurridizos de la sociedad española: el "pijo". Pero lejos de ofrecer una simple colección de clichés o anécdotas de salón, lo que construye es una disección sociológica y cultural disfrazada de ensayo ligero. Un libro que se ríe con, no tanto de, y que hace pensar más de lo que uno espera al abrirlo.
Con una mirada tan crítica como irónica, Peláez traza una genealogía del “quiero y no puedo”, esa tensión entre el deseo de pertenecer a una clase superior y la imposibilidad de alcanzarla del todo. El “pijo” no es solo una estética —cuellos levantados, náuticos, apellidos compuestos—, sino una actitud frente al mundo, un teatro del privilegio que muchas veces se representa con más empeño que convicción.
La autora juega con la nostalgia, el absurdo y la observación fina para desmontar tanto a los pijos de cuna como a sus émulos. Desde los señoritos de provincias hasta los cayetanos de pancarta, cada capítulo revela cómo este personaje ha ido mutando, pero siempre manteniéndose como espejo de las aspiraciones —y frustraciones— de toda una parte de la sociedad.
Lo más interesante es cómo Peláez logra hacer humor sin caer en la burla fácil, y cómo convierte lo anecdótico en algo revelador. Porque al final, lo que está en juego no es solo la historia de un grupo social, sino el retrato de un país obsesionado con el parecer más que con el ser.
Quiero y no puedo es, en el fondo, una radiografía del clasismo cotidiano. Brillante, mordaz y muy actual, es un libro que logra hacer del análisis cultural una experiencia tan entretenida como incómodamente reconocible.




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