Ajedrez para un detective novato es una novela que juega con el lector desde el primer movimiento. No se trata solo de un caso por resolver, sino de una experiencia narrativa donde las reglas del género se respetan... solo para ser retorcidas con astucia y buen humor. Juan Soto Ivars entrega una historia que no teme ser irreverente, y en esa osadÃa encuentra su mejor jugada.
El protagonista es todo lo contrario a un detective clásico: inexperto, torpe, confundido, pero también entrañable y curioso. Más que un sabueso, es un peón que ha sido empujado al tablero de un juego mucho más grande de lo que cree. Y sin embargo, avanza. Tropieza, duda, se pierde en los detalles… pero no se rinde. Esa humanidad, esa falta de perfección, es lo que lo hace brillar.
El caso que intenta resolver no es simple, pero tampoco se convierte en una maraña incomprensible. Soto Ivars construye una trama sólida, con sus pistas, sus giros y sus silencios, pero lo que verdaderamente atrapa es el tono: hay una ironÃa constante, un guiño al lector que lo hace cómplice de lo absurdo y lo brillante a la vez.
El ajedrez, más que un tema literal, es una metáfora inteligente que recorre toda la novela. Cada personaje parece una pieza con un movimiento limitado, atrapado en un sistema que no siempre entiende, pero en el que debe jugar si quiere sobrevivir. La partida no se gana por fuerza, sino por intuición, por adaptarse a lo inesperado, por saber cuándo atacar y cuándo quedarse quieto.
Soto Ivars escribe con agilidad y precisión, sin adornos innecesarios, pero con frases que sorprenden por su ingenio o su filo. Hay momentos en que la novela coquetea con lo filosófico, sin perder nunca el ritmo narrativo. Y, de fondo, una reflexión nada ingenua sobre la verdad, las apariencias y los lÃmites de la lógica cuando se enfrenta al caos humano.
Ajedrez para un detective novato es una novela que entretiene sin sacrificar inteligencia, que se rÃe de sà misma y de los clichés del género mientras les rinde homenaje. Es ideal para quienes disfrutan del noir con un toque de humor, para lectores que no buscan solo descubrir quién es el culpable, sino disfrutar cada paso del juego.
En esta historia, el jaque mate no llega con un disparo ni una confesión, sino con una sonrisa torcida y una verdad que se revela como un truco de prestidigitador: inesperada, pero perfectamente colocada.



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