Desde la tersa noche es un libro que no se lee: se escucha en el cuerpo. Eusebio Ruvalcaba, con su estilo íntimo y casi confesional, ofrece una obra cargada de erotismo, ternura y una melancolía que no pide permiso. Aquí el deseo no es solo carnal, es poético, vulnerable, humano hasta la médula.
El libro recoge textos breves —prosa poética, relatos mínimos, escenas que parecen suspiros— que giran en torno al cuerpo, el amor, la pasión y el instante. Pero Ruvalcaba no busca impresionar con fuegos artificiales: escribe como quien acaricia, como quien recuerda algo hermoso que ya no está, o que duele por estar demasiado.
La “tersa noche” a la que alude el título no es solo un momento del día: es un estado del alma, ese espacio donde la intimidad se vuelve lenguaje y la palabra se desviste. El autor encuentra belleza en lo mínimo, en lo que a otros se les escapa: un silencio compartido, un roce casual, una respiración distinta después del amor.
Hay erotismo, sí, pero no el comercial ni el burdo. Es un erotismo que nace del afecto, de la complicidad, de la fragilidad de los cuerpos que se encuentran y se reconocen. Cada texto parece decir: “esto es lo que sentimos y nunca supimos cómo decirlo”. Ruvalcaba, con su mirada cómplice y su sensibilidad afinada, lo dice por nosotros.
Desde la tersa noche es un libro para leer en voz baja, con pausa, ideal para quienes creen que el erotismo no está en lo explícito, sino en lo sugerido, en lo que vibra entre línea y línea. Una joya breve, intensa y profundamente honesta.



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