El presidente entoloachado es una de esas novelas que no piden permiso para entrar: irrumpen, sacuden y luego se quedan riĆ©ndose en un rincón mientras el lector trata de entender quĆ© acaba de pasar. Armando RamĆrez —fiel a su estilo callejero, irreverente y profundamente crĆtico— construye una sĆ”tira polĆtica tan surrealista como dolorosamente real, donde lo absurdo y lo cotidiano se mezclan sin pedir disculpas.
Desde el tĆtulo ya sabemos que no vamos a entrar en una historia convencional. “Entoloachado” —palabra cargada de barrio, de desmadre, de descontrol— no solo define al personaje central, sino a todo un sistema que RamĆrez retrata con su humor filoso y su rabia disfrazada de carcajada. El presidente de esta historia es una figura desbordada, convertida en caricatura por su propio poder, atrapada entre delirios de grandeza y un paĆs que se le escurre entre los dedos.
La trama se mueve entre lo grotesco y lo genial, con escenas que rozan lo inverosĆmil pero que, al mismo tiempo, tienen un eco muy reconocible para cualquiera que haya vivido de cerca las contradicciones del poder en AmĆ©rica Latina. RamĆrez no escribe con guantes blancos: su lenguaje es directo, sabroso, lleno de giros populares, con un ritmo que huele a calles de barrio, a mercados, a protestas, a radios viejas donde todos opinan y nadie calla.
Pero bajo la risa y el desparpajo, hay una crĆtica feroz. Al autor no le interesa maquillar la podredumbre del sistema; la expone con luces de neón, la convierte en comedia para que duela mĆ”s. Es una novela que, aunque exagerada en apariencia, resulta demasiado familiar en su fondo.
El presidente entoloachado es literatura que se moja en el lodo de la realidad y sale con una sonrisa burlona. Una obra incómoda, divertida y brutalmente lĆŗcida, que reafirma a Armando RamĆrez como uno de los cronistas mĆ”s originales del caos mexicano.



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