La narrativa gira en torno a un entramado de relaciones humanas, donde lo que parece simple revela capas de complejidad emocional y psicológica. El “nudo” del tĆtulo no es solo una metĆ”fora estructural: es emocional, existencial. Cada personaje estĆ” atrapado en sĆ mismo, en los otros, en una realidad que aprieta sin piedad. Lo que los une es justamente aquello que los asfixia.
Galindo demuestra una maestrĆa particular para capturar silencios, miradas, gestos. Su prosa es medida, precisa, pero jamĆ”s frĆa. Tiene algo de quirĆŗrgico en su forma de diseccionar la intimidad humana, pero tambiĆ©n algo poĆ©tico en la manera en que deja que las emociones se filtren, casi sin aviso. Hay dolor, hay deseo, hay culpa, pero siempre envueltos en una atmósfera densa, casi claustrofóbica.
La ambientación —como en gran parte de su obra— se siente profundamente mexicana, pero no en un sentido folclórico, sino en la densidad de sus relaciones sociales, familiares, en los mandatos no dichos y las rutinas que se vuelven jaulas. El entorno se vuelve parte del conflicto, reforzando esa sensación de que todo, incluso el paisaje, conspira para mantener a los personajes atados a sus destinos.
Nudo no es una novela complaciente. Exige atención, reflexión, empatĆa. Pero quienes se sumergen en ella, difĆcilmente saldrĆ”n intactos. Es una obra que duele con elegancia, que incomoda con belleza, y que confirma a Sergio Galindo como uno de esos escritores capaces de contar lo que muchos sienten pero no saben cómo decir.



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