Manual de crítica literaria no es un manual en el sentido tradicional. Lejos de ofrecer una serie de pasos fríos o fórmulas rígidas, Gustavo Álvarez Gardeazábal presenta un texto que vibra con la pasión de alguien que ha vivido, sentido y peleado con la literatura desde dentro. Es más una declaración de principios que una guía técnica, un espejo que nos invita a mirar la literatura con ojos propios y sin miedo.
Lo primero que llama la atención es el tono: directo, provocador, casi desafiante. Gardeazábal no se esconde detrás de un lenguaje académico ni pretende complacer a todos. Habla con franqueza, incluso con irreverencia, y eso le da al libro una vitalidad inusual dentro del género. Su crítica no es una disección impersonal, sino una forma de compromiso con el texto, con el autor y con el lector.
A través de sus páginas, el autor nos recuerda que la crítica literaria no es solo un ejercicio intelectual, sino un acto de responsabilidad cultural. Hay una invitación constante a leer con profundidad, a cuestionar, a ir más allá del argumento y tocar la fibra, el estilo, la intención. En ese sentido, el Manual es también un manifiesto contra la superficialidad, tanto del lector perezoso como del crítico pretencioso.
Más que enseñar a criticar, este libro enseña a leer de verdad. A prestar atención. A sospechar. A no tragar entero. Y en ese ejercicio, Gardeazábal ofrece herramientas —sí—, pero también anécdotas, ejemplos, ironías y una visión crítica del mundo editorial y académico que resulta tan refrescante como necesaria.
Manual de crítica literaria es ideal para quienes quieren acercarse al arte de leer con más profundidad, sin perder la pasión que da origen a toda lectura verdadera. No es un manual que impone; es un compañero que reta. Y eso, en un mundo saturado de fórmulas, es un lujo.



0 Comentarios