En Donde muere la luz, Mari Jungstedt regresa con una historia que mezcla con destreza el misterio con una profunda mirada a los rincones más oscuros del alma humana. La novela, ambientada en los gélidos y silenciosos paisajes de Gotland, mantiene la esencia del noir escandinavo: una atmósfera sombrÃa, personajes complejos y un crimen que desentierra heridas más antiguas que el propio asesinato.
Lo que distingue esta entrega es la forma en que Jungstedt entrelaza la investigación policial con la vida Ãntima de sus protagonistas. El comisario Anders Knutas, una figura recurrente en su obra, no solo enfrenta el reto de resolver un caso enigmático, sino también el de lidiar con sus propios demonios personales. La autora logra un equilibrio delicado entre la tensión narrativa del caso criminal y los conflictos emocionales que lo rodean.
La trama, aunque construida sobre un crimen inicial, se expande con elegancia hacia una red de secretos familiares, traiciones y silencios cómplices. La luz del tÃtulo parece simbolizar mucho más que la claridad literal: representa también la verdad, la esperanza y la necesidad de enfrentar lo que hemos enterrado por miedo o vergüenza.
El ritmo es ágil, pero sin sacrificar profundidad. Cada capÃtulo avanza con el peso de la duda y la amenaza latente, mientras los paisajes grises y las costas ventosas de Gotland se convierten en personajes más de la historia, reforzando esa sensación de aislamiento que tan bien maneja la autora.
Donde muere la luz es más que una novela policial. Es una exploración del dolor que se esconde tras las apariencias y de la fragilidad de las relaciones humanas cuando se ven expuestas a la verdad. Una lectura absorbente, melancólica y, sobre todo, muy humana.




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