El juramento de los Centenera es una historia que se adentra en los lazos invisibles pero tensos que unen a una familia marcada por secretos, promesas rotas y silencios heredados. Lydia Carreras de Sosa escribe con una sensibilidad que no evita el conflicto, sino que lo observa de cerca, casi con ternura, y lo convierte en materia narrativa.
La novela gira en torno al peso de un juramento familiar, de esos que se hacen sin comprender del todo sus consecuencias, pero que terminan moldeando destinos. Lo interesante aquà no es solo el pacto en sÃ, sino la forma en que se filtra en la vida cotidiana de los personajes: en lo que dicen, pero sobre todo en lo que callan. Carreras de Sosa retrata con precisión ese clima emocional espeso, donde la historia personal se mezcla con la colectiva, y donde lo no dicho pesa tanto como lo explÃcito.
El estilo es ágil, pero con una cadencia reflexiva. Hay una atención especial al detalle, a las miradas, a los gestos breves que revelan mucho más que largos discursos. La autora logra que el lector se sienta parte del mundo de los Centenera, no como un invitado externo, sino como alguien que, de alguna manera, también carga con esa promesa ancestral.
Los personajes son creÃbles y entrañables, incluso cuando actúan desde la contradicción o el miedo. En especial, los más jóvenes muestran una necesidad profunda de comprender el legado que reciben, no para repetirlo, sino para transformarlo. Esa es, quizá, la mayor virtud de la novela: no se conforma con retratar el peso del pasado, sino que propone una posible salida, una ruptura del ciclo, sin caer en el melodrama ni en soluciones fáciles.
El juramento de los Centenera es, en el fondo, una historia sobre la transmisión: de palabras, de afectos, de errores, de esperanza. Un libro que habla de lo que significa pertenecer a una familia y tener el coraje de romper —o reinterpretar— el destino que otros intentaron trazar.




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