Entre los muertos es una obra que se aleja del tono más conocido de Lem —el de la ciencia ficción especulativa y filosófica— para ofrecernos un relato mucho más cercano, sombrío y profundamente humano. Ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, el libro está teñido de una gravedad emocional que se siente desde las primeras páginas: aquí no hay planetas lejanos ni inteligencias artificiales, sino hombres enfrentados al absurdo brutal de la guerra.
La novela, escrita en una etapa temprana de la carrera de Lem, se mueve entre la ficción existencial y la crónica histórica, con un estilo sobrio y contenido que deja espacio para que el horror se filtre de forma natural. Los personajes no son héroes ni villanos, sino seres atrapados entre la supervivencia y la conciencia, entre la rutina del conflicto y el desgaste espiritual que este impone.
Lem explora la vida diaria en una ciudad ocupada, los dilemas morales de los individuos, la lenta erosión de los ideales cuando se convive con la muerte y la injusticia. El título no es casual: todos, de una forma u otra, están “entre los muertos”, incluso quienes siguen respirando. La muerte, en este contexto, no es solo física, sino también simbólica: es la pérdida de humanidad, de empatía, de sentido.
El estilo de Lem aquí es menos frío que en otras de sus obras. Se percibe una cercanía con los personajes, un dolor íntimo que parece bebido de la experiencia directa. Sin embargo, mantiene su lucidez analítica, su mirada crítica y su capacidad para sugerir lo universal desde lo particular.
Entre los muertos es una pieza valiosa dentro del universo literario de Lem, precisamente porque muestra otra de sus caras: la del hombre que no solo reflexionó sobre el futuro y lo desconocido, sino que también vivió y comprendió lo insoportable del presente. Un libro duro, silencioso y honesto, que interpela al lector sin recurrir a efectismos.




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